lunes, 1 de diciembre de 2025
El viaje de mi padre
Me ha llegado al corazón, me ha impactado y emocionado el acercamiento que un gran escritor al que admiro, Julio Llamazares, hace del viaje de su padre desde un pueblecito de las montañas leonesas a uno de los escenarios más dantescos de nuestra interminable guerra civil, el de la batalla de Teruel. Página a página nos va a acercando a Nemesio, su progenitor; al largo recorrido que hizo hasta llegar al frente. No entiendo la crítica que ha tenido el libro en "Babelia", suplemento literario de El Pais, que me parece demasiado dura pero poco importa,pues el éxito que esta teniendo entre los lectores seguro que compensará de esos sinsabores.
No he podido sustraerme a recordar otro viaje, el que hizo un joven andujareño, Paquito Toribio, mi padre, allá por los años finales de los cuarenta para cumplir un largo servicio militar en el Batallón de Defensa Química de Ávila.Desde Andújar el tren, en uno de aquellos vagones desvencijados de tercera clase, tardó varios días en llegar a su destino.Cuando yo era un niño, acompañé a mi padre a rehacer parte de ese viaje, desde Madrid a Ávila, en un frío Viernes Santo y recuerdo aún el efecto visual de los copos de nieve en los cristales del compartimento de nuestro tren.De la mili de mi padre recuerdo muchas anécdotas que me contó, de los amores por carta con Manolita su novia, de los paseos por Ávila, de la camaradería con sus compañaeros soldados. Su trabajo, dada su experiencia laboral previa, se centró en las oficinas. Conservo las fotografías, algunas muy pequeñas, otras con formato de tarjeta postal, que como testimonio de amor y recuerdo de la vida militar envió. En algunas, por detrás, esbozos de poemas o frases ingeniosas, como en una que textualmente dice "éste al que le tiran de la nariz, es el que más te quiere a tí".
Ya pude disfrutar a Llamazares en el libro que nos dejó de su viaje a Tras-os-montes, en Portugal.Ahora recomiendo vivamente este nuevo libro, que no es, no puede serlo por su hondura, un libro de viajes más, sino un lamento poético por lo que el tiempo ha borrado, un reencuentro con las huellas que aún permanecen, un diálogo silencioso entre un hijo viajero y un padre ya muerto.
Como a Llamazares, a mí también ahora me duele no haber prestado más atención a aquellos relatos de mi progenitor. En la genealogía de mis sentimientos, en los restos que conforman esta arqueología vertical de la nostalgia desde la que hoy escribo, hubieran sido un buen argumento para un relato más extenso.
Ah....pergeño estas notas justo antes de emprender un viaje que me llevará a Ävila y a León. Llamazares me llama desde sus páginas ya releídas, voy a su encuentro.
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