domingo, 6 de septiembre de 2026
Ceuta
Desde mediados del verano, con la llegada irregular de alrededor de 80.000 migrantes a la ciudad norteafricana, no se habla de otro asunto en nuestro país. Reina el caos, la confusión, el desacuerdo. Ni siquiera hay un consenso en cómo denominar este hecho. Se emplea la palabra invasión, también ataque,intento de ocupación. Tampoco se conocen los orígenes de cómo sucedió todo, aunque ya casi nadie duda de que es Marruecos quién está detrás. Aunque el gobierno español parece que aún se resiste a aceptarlo y habla de mafias, de conspiración internacional en un nuevo episodio de guerra híbrida, pero no parece que logre convencernos.
El resultado es una crisis humanitaria sin precedentes en nuestra contemporaneidad-si exceptuamos los tres años de guerra civil-, pues aunque muchos de los migrantes volvieron al poco tiempo al punto de partida, aún restan más de 5.000 en la ciudad. Y no hay fácil solución. La mayoría de la opinión pública española, por supuesto la de los ceutíes, la del gobierno de la ciudad autónoma y la de los partidos de la oposición a nivel nacional, piensan que la única respuesta es el retorno inmediato a Marruecos de toda esta masa de migrantes; pero la mayoría son menores de edad, también demandantes de asilo por proceder de países en guerra del África subsahariana. La legislación española es la que es y solo resta cumplirla o cambiarla democráticamente.
Pero hacen falta soluciones, por eso, a pesar de que haya transcurrido más de un mes y en principio hubo cierta pasividad, parece que por fin el gobierno de España ha reaccionado ante lo que es una clara situación de emergencia y se están tomando las primeras medidas para tratar de encauzar la difícil papeleta.
Pero, de antemano, el presidente del gobierno, ha perdido la batalla de la comunicación y probablemente este sea el punto final de una dificílisima legislatura.
Sin embargo, Ceuta, y también Melilla,no tendrán un arreglo definitivo, pues Marruecos sigue reclamándolas como parte de su territorio y aunque la geografía puede estar de su parte, no ocurre lo mismo con la historia. Ceuta es una urbe milenaria, enclavada en un punto geoestratégico vital como es el del otro lado del Estrecho de Gibraltar. Cartaginesa, romana, bizantina, visigoda, musulmana y desde 1415 portuguesa-de ahí la presencia del escudo portugués en el suyo-.Tras la independencia del país vecino en 1645, siguió vinculada a España. Amenazada por los musulmanes, que intentaron varias veces su ocupación en los siglos XVIII y XIX; por fin, tras una guerra entre España y Marruecos, por el Tratado de Wad Ras de 1860 quedó definitivamente como ciudad española.
En 1912, tras un acuerdo con Francia, se crea el Protectorado español de Marruecos, que englobaba la zona norte, el Rif, pero los habitantes no aceptan fácilmente esta colonización y comienza una larga y cruenta guerra, que no termina hasta el desembarco de Alhucemas en 1925.
Marruecos es una espina clavada en nuestra historia.Además de la guerra colonial, allí comenzó en 1936 el golpe militar que trajo la guerra civil. Por fin, en 1956, España le concedió la independencia, pero Ceuta y Melilla, dada su peculiar configuración demográfica e histórica, son consideradas ciudades plenamente españolas y no forman parte del nuevo estado marroquí formado por los territorios de ocupación franco-española.
Aún vendrían nuevos conflictos, por ejemplo Ifni, un enclave español en la costa atlántica, donde habría una guerra en 1957 y no sería entregado a Marruecos hasta 1969. Y, sobre todo, el Sahara español, donde en principio se iba a abrir un proceso de autodeterminación, pero Marruecos lo reivindicó como propio y se precipitaron los acontecimientos, sin que los saharuis pudieran pronunciarse.
Primero la marcha verde en noviembre de 1975, una "ocupación o invasión " pacífica del territorio.(Hay quien ha visto similitudes con lo ocurrido ahora en Ceuta). Los acuerdos de Madrid, tan solo unos días despúes, con la partición del territorio entre Marruecos y Mauritania, la guerra con los saharuis, la retirada mauritana, el establecimiento de una autodenominada República saharaui en la franja sur, la decisión de la ONU de un referéndum nunca realizado y ya por último el reconocimiento de la mayor parte de los países occidentales, incluido nuestro gobierno, de la marroquinidad del Sahara.
Parece que al ser Marruecos quien tiene la llave del paso de migrantes, no solo desde el Magreb sino desde el África subsahariana, nos tiene bien cogidos.
La Unión Europea debe implicarse más, presionar a Marruecos a lograr un acuerdo definitivo a cambio de cesiones comerciales, económicas o de otro tipo, pero con firmeza.
No puede haber otro 30-31 de julio.
Mientras tanto, lo prioritario es buscar soluciones, con solo denunciar culpables nada resolvemos.
Y yo qué hubiera hecho el 2 de septiembre, ante la convocatoria de una manifestación de solidaridad con Ceuta como la que me llegó desde mi pueblo.
No sé si hubiera ido, las circunstancias de ese momento no me lo permitían, pero tammpoco me interasaría si se convirtiera solo en un acto más para demonizar al gobierno español, que es verdad que ha cometido errores, pero es el que tenemos y el que con la ayuda necesaria, debe encontrar una solución.
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